Atravesar el Dolor (P.1)

Dentro de la visión del tantra, todas las emociones son bienvenidas, no hay emociones ni buenas ni malas, cuando estamos tristes, enojados, desolados, melancólicos, o cualquier emoción que pueda sentirse incómoda, aprendemos a entregarnos a ella, sin juicio, sin ningún deseo de salir de ahí o llegar a otro lugar.

A menudo veo en el mundo «espiritual» y como en el couching se da este afán de querer siempre mostrar lo «bonito» de la vida y tratar de omitir aquello que no entra en ese panorama, porque hacerlo es darle más fuerza y nos puede perjudicar.

Sinceramente yo nunca me sentí identificada con ese discurso.

El dolor (y la incomodidad de cualquier emoción) hay que vivirlo, entregarse a él.

Precisamente y sólo de esa manera, es como permitimos que verdaderamente se libere.

No sanamos queriendo minimizar nuestras emociones o tapándolas con falsas sonrisas o queriendo encontrarle el lado bueno de las cosas.

Les voy a contar una anécdota…

Hace dos años me reencontré con un antiguo amor. Fue una relación que aunque no duró mucho me atravesó el alma, porque continuamente la interacción con él me confrontaba con mis heridas infantiles y proyectaba en el una necesidad constante de atención y cuidado.

Esa relación termino de forma muy abrupta por mi parte y no le di el espacio que merecía para poder cerrar el ciclo verdaderamente en ese momento. Así que muchas emociones se quedaron cristalizadas en mi cuerpo durante años. En el fondo sentía mucha culpa de que las cosas no hubieran funcionado entre los dos y me adjudique la responsabilidad de que esa relación hubiera fracasado.

Cuando nos volvimos a ver, después de muchos años, sentí que todavía había una especie de conexión en ambos y través de algunos encuentros con él, fue que me di cuenta que en realidad, no era una conexión mutua, ni siquiera atracción genuina lo que había… sólo eran emociones cristalizadas en mi cuerpo que no había liberado de esa relación, que me hacían sentir conectada a él…

Lo increíble fue que una vez que pude soltar eso, automáticamente él dejo de atraerme y comencé a cuestionarme: «¿en serio por esto, sufría tanto?

Con esta anécdota quiero explicar que la sanación no llega porque tengas un entendimiento intelectual sobre algo. La sanación llega únicamente cuando las emociones son liberadas del cuerpo, precisamente a través de entregarnos a ellas por medio de la presencia. Sólo podemos liberarnos del dolor, precisamente atravesándolo.

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