
Kali es una de las principales devis (diosas) dentro del hinduismo. Es la shakti (o ‘energía activa’) del dios masculino Shiva, quien es considerado su esposo.
La historia temprana dentro de las escrituras hinduistas la ubican como una criatura iracunda y de aniquilación y ésta figura todavía tiene cierta influencia, pero solamente las personas educadas en viejas tradiciones la ven de esa manera.
Sin embargo dentro del tantrismo, en la tradición Śāktaḥ, Kali adquiere un profundo significado metafísico y no es tan temida, a pesar de que su aspecto puede mostrarse terrorífico.
Las creencias tántricas más complejas ubican a Kali como la «realidad última» es decir como la muerte y a su vez como la «fuente del ser» o madre divina.
Ella es la gran Diosa madre de naturaleza ambivalente, la creadora y destructora, que da la vida y al mismo tiempo quien te enfrenta y lleva a la muerte.
Según sus enseñanzas toda creación implica destrucción, todo lo que nace tiene que morir y la madre al darnos la vida nos da también la muerte. La muerte no como un final si no como una puerta que nos conduce a otro estado.
Desde esta visión tántrica, la divinidad representa dos caras de una moneda: creación y destrucción, es decir la muerte no puede existir sin la vida, igualmente la vida no puede existir sin la muerte.
La muerte es la transmutación, y es aquello que nos ayuda a perpetuar a desarrollar la vida, porque te lleva a cambiar de momento a momento.
Esta idea desarrollada por los adoradores tántricos significó una ruptura con respecto a la representación más tradicional de Kali.
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Cuando me convertí en madre por segunda vez, Kali apareció ante mi como un arquetipo energético con el cuál me sentí completamente identificada porque justo sentí que personifica este proceso que vivimos las mujeres después de dar a luz y entrar en la etapa del puerperio que simboliza un profundo descenso a un inframundo emocional y una muerte simbólica de nuestra antigua yo. Representando este misterio de vida, maternidad y muerte entrelazadas.
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